Hay que cambiar el control de los mercados de finanzas y seguros

No tiene ya ningún sentido la existencia de tres reguladores. El nuevo Gobierno no puede dejar pasar la oportunidad para afrontar un profundo cambio.

La existencia de tres reguladores en nuestro mercado financiero (Banco de España, Comisión Nacional del Mercado de Valores y Dirección General de Seguros) ha sido varias veces cuestionada desde la tribuna pública. Lo fue con ocasión de la victoria electoral del Partido Popular en el año 2000, pidiendo a Rodrigo Rato algún tipo de unificación que pusiera sentido común en este campo.

Pero el ex-director gerente del Fondo Monetario Internacional optó, al igual que sus antecesores, por dejar las cosas como estaban para evitar cualquier conflicto. Sin embargo, la situación no admite más retrasos, especialmente ahora.

Los productos financieros han cambiado

Los productos financieros ya no responden al perfil clásico que permitía encasillarlos en el entorno de un regulador u otro. La ingeniería financiera ha creado productos que son a la vez fondos de inversión, depósitos bancarios, seguros y productos derivados. ¿A quién encomendar el control de este tipo de productos?

De otra parte, no nos cansamos de denunciar el contrasentido de que los fondos de inversión sean controlados por la CNMV, mientras los fondos de pensiones estén bajo el paraguas de la Dirección General de Seguros, aunque la naturaleza de ambos productos sea semejante y su gestión sea llevada por el mismo equipo.

Por si todo ello fuera poco, en los últimos tiempos ha quedado en evidencia en algu-nas ocasiones cómo los tres reguladores tienen criterios distintos sobre un mismo tema. Además, la mayoría de los países europeos están concentrando el control del mercado financiero en uno o dos reguladores, siguiendo las recomendaciones que hace ya algo más de tres años propusiera el comité de expertos, coordinado por Alexandre Lamfalussy, del que formaba parte el antiguo gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo.

No tiene ningún sentido que exista una separación entre los reguladores según el mercado del que se ocupan. Sin embargo, tendría una mayor lógica la existencia de un regulador para velar por el control de solvencia y de riesgos de las entidades financieras (ya sean bancos, aseguradoras o gestoras de fondos), mientras otro se ocupa de regular y procurar la mayor transparencia del mercado.

Frente al temor de una parte del mercado, a nosotros no nos cabe ninguna duda de que una o dos entidades reguladoras mantendrían e incluso mejorarían las prestaciones de las existentes, a poco que se les dote de la autoridad y los medios necesarios. No debe olvidar el Gobierno que no estamos hablando de un problema de organización administrativa, sino de algo que está en la esencia del funcionamiento de un mercado financiero eficiente: su control efectivo para hacer que sea transparente y transmita confianza y credibilidad a sus protagonistas. Y, entre ellos, los pequeños ahorradores e inversores que, con frecuencia, se encuentran desasistidos y abandonados a su suerte.

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